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Contracción
involuntaria y condicionada (espasmo) de los músculos de la parte inferior
de la vagina como resultado de un deseo inconsciente de la mujer de evitar la
penetración. El dolor del vaginismo puede impedir la penetración,
resultando a menudo en una ausencia de consumación del matrimonio. Algunas
mujeres con vaginismo obtienen placer por el orgasmo clitoriano. El
vaginismo es una respuesta aprendida, con frecuencia debida a dispareunia, que
causa dolor al intentar el coito. Incluso tras eliminar la causa de la dispareunia,
el recuerdo del dolor puede perpetuar el vaginismo. Otras causas son el miedo
al embarazo, el temor a ser controlada por un hombre o a perder el control o al
dolor durante el coito (una idea errónea de que la relación sexual
es necesariamente violenta). Si la mujer tiene estos temores, el vaginismo es
generalmente primario (permanente).
El espasmo es una respuesta involuntaria
que muchas mujeres no reconocen: sufren sus consecuencias, pero no saben por qué
ocurre. Parece ser qu ese produce una asociación de la penetración
vaginal con la sensación de peligro; es como si el sistema defensivo estuviera
en extremo activado, de manera que cualquier intento de penetración produce
la respuesta refleja. En muchas ocasiones no tiene fácil explicación
para la mujer que lo padece, debido a que en ese momento su deseo y su interés
se dirigen a tener una relación coital plena y satisfactoria. Sin embargo,
es como si existiera una orden programada, un sistema de alarma activado que ella
no puede controlar. Así, su
vida sexual está supeditada a esta negación, su conducta sexual
no es elegida, no puede hacer lo que le gustaría, está forzada a
seguir un patrón de conducta coercitivo. Las
mujeres que presentan este trastorno suren una gran ansiedad, ante la idea de
introducirse algún objeto en la vagina, ni siquiera pueden intentarlo con
su dedo. El suso de tampones también les está vedado y viven esta
limitación como una carga más. En los meses de verano, estas jóvenes
no pueden disfrutar de la playa o de la piscina, lo que acrecienta más
su sensación de malestar. De
esta forma, se va desarrollando una especie de miedo a la penetración vaginal
que se presume dolorosa; parece que se tuviera una hipersensibilidad a la distensión
vaginal. Esta tensión produce una respuesta con tres síntomas típicos:
arquear la espalda, cerrar las piernas (contracción de los músculos
abductores de los muslos) y sufrir espasmos involuntarios de los músculos
que rodean la vagina. No puede trasmitirse
la idea de que la mujer con vaginismo vive de espaldas al placer sexual, de que
es frígida. Estas mujeres pueden ser unas estupendas amantes, desear a
su pareja, disfrutar del placer de la relación sexual o tener orgasmos,
siempre que no se incluya el intento de penetración en el juego. El mito
de la frigidez debe quedar rotundamente descartado. En
terapia sexual, especialmente en los casos de vaginismo, es muy importante la
labor educativa. Estas mujeres suelen tener un gran desconocimiento del cuerpo
humano, especialmente de los genitales. La integración de los genitales
femeninos en el esquema corporal de la mujer con este problema es uno de los objetivos
de la terapia. Además, la percepción de los propios genitales puede
estar distorsionada y la gran mayoría tienen la impresión de que
su vagina es muy pequeña, de que la entrada es muy estrecha y que es muy
difícil que el pene pueda entrar en ella. Algunos
casos que se han tratado como vaginismo simple llevan parejos otros problemas
psicológicos como conflictos con el rol sexual, baja autoestima, falta
de habilidades en las relaciones personales y sociales, miedo a la intimidad,
miedo al éxito romántico. De las mujeres tratadas, unas reciben
este apoyo y otras prefieren limitarse a tratar el problema que les había
llevado a la consulta. Parece que el nivel socioeconómico y cultural favorece
la exploracion terapéutica; a mayor nivel, más interés por
conocerse y mayor valoración del proceso terapéutico. La
visión optimista de esta problemática se fundamenta en la literatura
científica que existe sobre el tema, así como en la experiencia
de los profesionales; se ha comprobado que la gran mayoría de los casos
de vaginismo se han podido resolver sin que la paciente se someta a largas y costosas
sesiones clínicas. El vaginismo es uno de los problemas sexuales con mejor
pronóstico. El 90% de los casos se resuelve favorablemente con terapia
breve. |