La mayoría de las victimas de abuso sexual experimentan una o varias de las siguientes reacciones como consecuencia del trauma:
Sentimiento de pérdida de control en la vida.
"Flashbacks" o el hecho de experimentar de nuevo el asalto de manera mental.
Dificultad de concentración.
Sentimiento de culpa.
Percepción negativa de la imagen de si mismo.
Tristeza o depresión.
Disbalance en las relaciones interpersonales.
Pérdida de la libido.
No todos los agresores tienen el mismo perfil de activación sexual, ni el mismo grado de agresividad. Así, según el grado de violencia con el que se lleva a cabo el delito, diversos autores han clasificado a los agresores en:
No violentos
Emplean la persuasión, engaño o presión para someter a la víctima, basándose en su relación de autoridad y poder (adulto, padre, maestro). Éstos a su vez, se subdividen en otros dos grupos en función de la exclusividad de su preferencia sexual:
Pedófilos exclusivos:
Preferencia sexual exclusiva hacia los niños.
Pedófilos oportunistas:
Mantienen actividad sexual con adultos y en determinadas circunstancias abusan sexualmente de los niños. Manifiestan no tener predilección por los niños, tienden a racionalizar los abusos atribuyéndolos a las circunstancias en que se produjeron.
Violentos
Los que emplean el asalto o la violencia para someter a las víctimas. Son más responsables de lesiones y muertes. Tienen graves características de personalidad psicopática con antecedentes de conducta antisocial. La motivación para el abuso es sexual y violenta al mismo tiempo. Este grupo es mucho menos numeroso y evidentemente mucho más peligroso que el anterior. |